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El Heavy Metal nuestro de cada día:

El Heavy Metal nuestro de cada día: Airon Meiden Parte I
Para el 1989, Wolf Marshall era uno de los ensayistas que más disfrutaba leer y a quien, desde entonces, he tratado de imitar impunemente en muchos de mis escritos. En una de sus columnas regulares titulada Music Appreciation, en la extinta revista Guitar for the Practicing Musician y con motivo del lanzamiento al mercado del disco The Seventh Son of a Seventh Son, el autor comenzaba diciendo...

martes, 28 de noviembre de 2017

Hechos de papel III (11/2017)


Nací para que me devoren,
pero antes quiero ser escuchado.
Antes que a mi cuerpo lo quiebren
o extinga sus días calcinado,
mis palabras huirán rebeldes.
Antes que desechen mi envoltura,
ellas libres y resistentes
buscarán la grieta y la fisura.
Frente al túnel, con el martillo,
harán que vibren las paredes,
romperán todas las cerraduras
y abrirán la puerta al laberinto.
Mis ideas saldrán rabiosas,
como una descarga eléctrica
que embala a conquistar tu mente
rozando tu alma melancólica.
Ellas tientan con caricias herejes.
Hambrientas y alcohólicas,
vuelan ocultas en el aliento
de un animal calcado en tinta,
una bestia en la cárcel de su cuerpo.
El papel no es más que una jaula
para el rugido etéreo
de este poema que cicatriza
en la hoja rústica e incauta.

Artista: Peter Callesen

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Tony Iommi

Aprovecho la visita de Tony Iommi en la última entrada, para reseñar un poco de su larga carrera. La vida del hombre de hierro fue marcada por una gran ironía. Según cuenta el destino, Tony había renunciado a su puesto en la fábrica que debió haber consumido el resto de su vida. Escaso en años, había decidido escapar prematuramente de esa sentencia y comenzar una gira por Europa con sus amigos. Tony sería músico. Al menos, esos eran los planes que la vida truncó tajantemente: en su último día de trabajo una máquina le rebanó los dedos. Meses después que las vendas se soltaron, Tony permanecía inmerso en una depresión profunda. Fue entonces que una mano lacerada, como la suya, con pocos dedos funcionando, lo rescató del abismo. La música de Django Reinhardt, el gitano virtuoso, inspiró a Tony retomar el instrumento. Pero antes, ciertas modificaciones fueron necesarias. Primero, había que inventar cuerdas mucho más finas y suaves. Segundo, la distancia al diapasón y la tensión debían ser mínimas. Tercero, los acordes era mejor tocarlos en su raíz quinta, donde el meñique podía sustituir los dedos molidos. Tal fue la receta para un sonido nuevo. Arroje esas trampas en un caldero y combine con una revolución y una guerra. Añada mucho licor, nieve y ácido. Condimente con el dolor de pisar cada nota. Bata al fuego lento de una muerte nuclear que nunca llegó (hasta ahora) y vea brotar un vapor oscuro y misterioso. Muchos pensarán que es satánico. El resto es historia. Han pasado muchos años de aquel metal filoso y pesado, y sigue hirviendo la maldita olla. Esa segunda generación de rockeros británicos (Black Sabbath, Deep Purple, Led Zeppelin) ya promedian casi setenta años y, al parecer, nadie nunca sacará a esos demonios de sus cabezas.


domingo, 5 de noviembre de 2017

Libélulas (11/2017)


Veo a una niña ahogar
su alma en esmalte de luna,
la flor de un loto en el nudo
que sus piernas me dibujan.
Ella persigue en el éter
la memoria de un futuro,
un sueño que es iridiscente,
como libélula adulta:
ojos que aprenden a volar.
En alas huyó su trance
y ella, con sus botas largas,
va en busca de esas criaturas.

La niña aferró a un hada,
a salvo en la jaula oscura
hecha en carne de sus manos.
Ella ve por la ranura
entre sus palmas cóncavas,
a la mujer de cuerpo alado
que observa intrigada a otra,
prisionera entre las suyas;
ninfa y su cárcel clonadas
en la cadena perpetua
de una espiral de mujeres
que albergan magia oculta.