Buscar este blog

El Heavy Metal nuestro de cada día:

El Heavy Metal nuestro de cada día: Airon Meiden Parte I
Para el 1989, Wolf Marshall era uno de los ensayistas que más disfrutaba leer y a quien, desde entonces, he tratado de imitar impunemente en muchos de mis escritos. En una de sus columnas regulares titulada Music Appreciation, en la extinta revista Guitar for the Practicing Musician y con motivo del lanzamiento al mercado del disco The Seventh Son of a Seventh Son, el autor comenzaba diciendo...

jueves, 8 de febrero de 2018

La trampa (02/2018)



“Before he was unable to make a choice because he didn't know what would happen. Now that he knows what will happen, he is unable to make a choice.” El viejo Nemo, Mr. Nobody

     Hace unos días le tendí una trampa. Verás, me asecha una criatura. No puedo describirla. Nunca la he visto, no, solo sus ojos pardos cuando flotan en la oscuridad. El resto de su cuerpo es invisible. Por las noches rodea mi cama mientras pretendo que duermo. Hace temblar el colchón y eleva la temperatura del cuarto hasta que sudo sin control. También ataca de día, cuando hay nadie a mi alrededor, en el carro camino al trabajo o desde la pantalla de mi computadora. Donde me encuentre, sujeta mis pies y manos. Me tapa la boca. No me deja dar un paso. Siento que me observa cuando estoy inmóvil. Se alimenta de mi parálisis. Luego comienza a inyectar imágenes, como películas que contaminan mi mente. Son cosas que no han pasado todavía, cosas terribles que finalmente pueden suceder. Otras veces, me hace recordar eventos que aborrezco. Me golpea si resisto sus proyecciones, si trato de pensar en otra cosa. Justo antes que la tortura me mate, desaparece como vino, pero siempre regresa para hacer su daño. Las veces que he logrado zafarme, me puya en el pecho con su aguijón invisible y escapa satisfecha. Deja una gran roncha picante supurando en mi piel. Su veneno asfixia y causa un dolor intenso, como el desamor o la vergüenza. 
     Me creía capaz de atraparla. Mi estrategia era simple: ella entraría, como siempre, sigilosa y sin invitación, buscándome, pero esta vez encontraría una distracción. La esperaría en casa, de noche, cuando más disfruta visitar. Colocaría una carnada en el pasillo, justo antes de la puerta, algo que captara su atención, aunque sea por unos segundos. En ese corto instante, le explotaría la cabeza con mi Glock 9mm desde mi escondite en la sombra. Me ocultaría cerca, no más de cinco o seis yardas. Apuntaría justo abajo del resplandor de sus ojos. Halaría el gatillo sin titubear. Intuía que era la única de su especie. No vendrían otras a buscarme.
     El primer intento fue un fracaso. Ignoró la carnada que coloqué y fue directo a atormentarme. Volví a intentarlo días después, obteniendo el mismo resultado. El problema, pensé entonces, era la carnada. Posteriormente traté otras: una camisa sudada, un mechón de pelo y hasta un vaso de orina. Ninguna funcionó. La criatura esquivaba cada trampa y cuando me encontraba, se lanzaba sobre mí para asfixiarme. Con cada intento y cada fracaso, crecían en violencia sus ataques. Me paralizaba cada vez que eyaculaba sus imágenes dentro de mi cabeza. Cedía mi cuerpo a su control. A veces lo usaba para lastimarme. No actuaba yo, era ella. Temía hacer daño a mis vecinos y a la gente que quería. Dudaba de mí. A la misma vez, sentía terror de que alguien diera cuenta de mi pobre estado. Nadie iba a creer mi historia. Me hubiesen acusado de desquicio.  Dejé de dormir. Apenas comía y me alimentaba solo de licores. Poco a poco, me volví un fiambre. En las noches, cuando la luna rehusaba entrar a mi cuarto, mi cuerpo débil y flaco tiritaba en el suelo, en la sombra, incapaz de vivir, esperando la próxima visita.
     Es por eso que decidí intentarlo una vez más. El problema de la carnada se resolvió por sí solo. Sucedió aquella noche, mientras me embriagaba (como todos los días) en la barrita frente a la oficina. Eran como las dos de la madrugada. Balanceaba columnas de vasos sobre la barra. Estaba mojada, salpicada de gajos de limón y servilletas ensopadas. El estupor me dio la solución: identificó a la víctima. Lo conocía personalmente, de mi niñez, aunque por años no tuvimos mucho contacto. Una vez fue alguien destacado en su campo. Estaba tan ebrio que apenas pudo aterrizar de su banqueta. Imaginé el desastre que pintó en el baño. Lo esperé afuera con las llaves de su Mercedes-Benz (se le cayeron del bolsillo cuando fue a orinar), y lo convencí de que estaba demasiado borracho para guiar. Camino a casa se rindió a una profunda sinfonía de ronquidos, eructos y frases incompletas.
     En casa, lo arrojé sobre mi butaca favorita. Respiraba profundo por la boca abierta. Me escondí detrás, debajo de la mesa del comedor, apuntando con mi pistola por entre las patas de las sillas. Antes, había cerrado todas las ventanas. La criatura prefería la oscuridad. No tardó llegar. Escuché sus pasos ligeros por el pasillo entre los cuartos. El reflejo de sus ojos alumbraba débilmente la mobiliaria. Se detuvo en la butaca, como había anticipado. Orbitaba lentamente en torno al mueble. De repente, antes de que pudiera apuntar bien el arma, comenzó a despedazar el cuerpo inerte. Pellejos salían volando. Llovía cuero y sangre sobre la alfombra. Él luchaba como podía. Arrojaba puños y patadas a la oscuridad. Me dio mucha pena, pero sabía que ese era mi momento; tenía que actuar. Marqué el blanco y casé mi dedo en el gatillo, pero justo antes de que pudiera halar, sus ojos me enfocaron. Mi cuerpo se congeló. Es mínima la distancia que esa palanquita tiene que viajar para explotar la bala, pero mi dedo estaba paralizado. Continuaba la carnicería y la lucha y yo era el público cautivo. No soporté más. Con todas las fuerzas de vida que alguna vez tuve, con toda la voluntad que jamás haya logrado invocar, contraje el dedo índice lo suficiente para desatar la bala. Di en el blanco. Ella hizo su trabajo mortal.
     Han pasado varias horas de aquel evento. Mi sala sigue ensangrentada. Siento mucho que hayas pasado por eso. De jóvenes, siempre fuiste el guerrero, el sobreviviente. Yo te seguía. Ahora no sé si fue la decisión correcta. Te confieso que, de haber tenido el valor, hubiese hecho las cosas diferentes. Siento a la criatura a mi lado mientras escribo estas palabras, respirando su aliento ácido sobre mi nuca. Mis vellos se enroscan; mis poros sudan. Siempre va a estar ahí y nunca será domada. Lo siento mucho. Perdóname por haberte matado.



44 comentarios:

  1. Comparto lo de las "tonadas clásicas de poca dificultad" a la guitarra. Y me gusta tu estilo escribiendo, muy personal y sugerente. En cuanto a esta historia de la trampa en concreto, está realmente bien. Es una perspectiva interesante sobre los llamados "demonios interiores", y da qué pensar. En realidad, lo peor de nuestra violencia no es usarla (lo cual nunca es algo limpio), sino negarla en nosotros mismos. Pues acaba emergiendo igualmente y de forma más incontrolada al estirar el arco demasiado, cuando no la administramos (o domesticamos) bien.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Bonifacio. Me encantó lo que dices sobre "nuestra violencia". Es una observación muy profunda y atinada. La violencia que dirigimos hacia nosotros mismos puede ser tan o más dañina que la que exteriorizamos. Hace un tiempo discutía con alguien que la palabra "humano" parece, cada vez más, un sinónimo de “guerra”, internas o externas. Gracias por leer y seguir el blog!

      Eliminar
    2. Gracias a ti.

      Es que los humanos somos violentos, a eso me refiero: demonizamos la violencia que nos caracteriza, en vez de asumirla para administrarla bien. Y así nos dañamos con más fuerza a nosotros mismos y también a las demás personas. Por evitar dar una bofetada hoy (cosa que nunca es deseable) clavamos un puñal mañana (incluso en nuestro propio pecho), ese es el lío.

      Eliminar
  2. Un relato atrapante, Ricardo. Los remordimientos, la culpa, o cualquier otra forma que adopte esa criatura que nos acecha por la noche son unos muy malos enemigos. Una bestia que cuanto más te enfrentas a ella, más poderosa se vuelve. Quizá, aunque no sea fácil, el secreto esté en aceptarla a nuestro lado. Un relato que deja resonancia. ¡Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola David. Gracias por leer y por tus palabras, de verdad se aprecian. Muy buenas tus observaciones. El arrepentimiento es, en mi opinión (por el momento), la más poderosa de las emociones. Su poder estriba en la capacidad para paralizarnos, como el veneno de ciertas arañas y serpientes. Lo había comentado hace un tiempo en las redes sociales: es lo más que temo antes de decidir y lo mas que duele una vez decido. Saludos!

      Eliminar
  3. Un relato genial, Ricardo. Has recreado con gran eficacia las sensaciones perniciosas de tu protagonista, permitiéndonos empatizar con él y haciéndonos desear que tuviera éxito en su empresa de aniquilar a la bestia. Precisamente por eso el final resulta tan impactante. ¡Me ha encantado!

    ¡Un saludo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Julia. Gracias por leer y por comentar. A mi también me sorprendió el final mientras lo escribía. Así son estas cosas, Estas criaturas escogen sus propios caminos. Ellas escriben otras historias. Yo solo trato de mantenerme cerca y alerta, lo suficiente para observar y documentar todo lo que pueda. Saludos!

      Eliminar
  4. Un relato muy impactante. Muy bien mostrados esos demonios interiores que a todos nos asaltan en algún momento. Mucha suerte, Ricardo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Marta. Gracias por leer y comentar. A veces los demonios se hacen pasar por humanos y después que asaltan nos dejan sus sombras para que nos persigan... Suerte también en el concurso! Espero que nos sigamos encontrando en EL TINTERO.

      Eliminar
  5. Hola Ricardo, a través de David y su Tintero te visito, y gratamente me he encontrado con tu demonio, alimaña, bestia. Digo gratamente porque es un gusto leer buena cosecha de letras como ese vino. Metáforas de aguijones, de avispados malos, miedos encarcelados dentro de nosotros. Bien por esa trampa, aunque algún inocente se ha buscado tu protagonista para ponerlo en su lugar, o es su otro yo, el más fuerte, sí me quedo con lo segundo, destrozado queda, liberado pues. Muy bueno. Un saludo y nos vemos en el Tintero de oro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Emerencia. Gracias por leer y por comentar! Tus palabras son demasiado amables con mi criatura...Muy buena tu observación sobre la identidad del desdichado. Queda la interrogante de quién es la verdadera víctima de este relato. Suerte a ti también en el concurso!

      Eliminar
  6. Hola Ricardo. Me he colado en tu blog porque David Rubio dejó la puerta abierta, jajaja. El caso es que me he encontrado con este relato terrorífico que me ha tenido atrapado de principio a fin, con la (vana) esperanza de que este fuera feliz. Pero me equivoqué. Aun así, he disfrutado de la lectura y, bien pensado, ese final le va como anillo al dedo a tu historia.
    Saludos y, cómo no, suerte en el concurso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Joseph. Me alegro que hayas disfrutado. El final se escribió él mismo: forzó mi mano a halar el gatillo...Gracias por leer y por tus palabras. Se aprecian!

      Eliminar
  7. Ricardo vengo de la mano de David, no soy muy asidua a este tipo de lecturas. Esta me ha atrapado y he sentido terror de verme con estos miedos que muchas veces nos persiguen. El final muy acertado. ¡Suerte en el concurso! Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Maria. Gracias por compartir con mis criaturas un ratito y por comentar! Se aprecia! Suerte también en el concurso.

      Eliminar
  8. Hola Ricardo, un relato que impacta, describes muy bien los monstruos interiores, esos que todos conocemos porque alguna vez nos han visitado. ¡Mucha suerte en el concurso! Un abrazo. https://pilargonzalezescritora.com

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Pilar. Es malo cuando visitan, pero es peor cuando se quedan en nuestra casa y, poco a poco, se hacen los dueños y nosotros los visitantes. Muchas gracias por leer y por tus palabras!

      Eliminar
  9. Hola, Ricardo
    Un relato espeluznante, desgarrador, de los momentos cuando la mente y el corazón se enfrentan a las criaturas de la noche, las del silencio y la soledad. Muy bien planteado. !Suerte en el concurso!
    Saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Yessy. Gracias por leer y comentar. Muy buena tu observación. Pregunto, ¿de donde surgen los demonios más malignos? Se que hay demonios en el infierno y hay otros que salen de noche o de madrugada, o desde la barra en la esquina. Pero también doy fe de otros que surgen, precisamente, de nuestras mentes y corazones. Nada… yo por acá, filosofando...no me hagas caso...Suerte a ti también en el concurso!

      Eliminar
  10. Hola Ricardo, tu relato me ha atrapado desde el principio. Transmites muy bien la angustia que siente el protagonista, así he podido empatizar con él y desear que acabara con sus miedos. Mucha suerte

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Ana. Gracias por permitir que mi criatura te atrape por un ratito. Gracias también por el comentario. Es interesante que te refieres al protagonista como "él". Traté conscientemente de hacer una narración libre de género, donde el narrador no necesariamente se identifique como hombre o mujer. Es algo que estoy intentando aplicar en todos mis escritos, mientras se pueda. Sin embargo, parece que el género del narrador se asocia con el del autor desde el principio o metí las patas en algún adjetivo en el camino... pero nada...seguimos inventando en este proceso! Saludos!

      Eliminar
  11. Hola, amigo Ricardo. Relato aterrador, trabajado y complejo el que has compartido con nosotros, me ha gustado mucho. Me ha hecho pensar en ese pánico que sienten (por el día) a tener miedos por la noche algunas personas entre las que he imaginado muy bien a tu protagonista, con quien se empatiza hasta casi el final, por tan inesperado y cruel desenlace. Enhorabuena por tu buen hacer literario.
    Te deseo mucha suerte en el "Tintero".
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Paxti. Muchas gracias por leer y comentar. Éxito también en el concurso!

      Eliminar
  12. Una historia totalmente distinta a lo que acostumbro leer pero que me ha tenido en vilo hasta el final. Como dice una amiga mía "de noche se ve todo muy negro" ;-)
    Suerte en el concurso El Tintero de Oro.
    Un beso, Ricardo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Chelo. Gracias por leer y comentar. Tu amiga tiene razón, aunque, entre monstruos, la noche también tiene sus encantos. ;-)

      Eliminar
  13. Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

    ResponderEliminar
  14. Un relato impactante que te atrapa desde la primera línea. Esos monstruosos seres que no se conforman con la carnaza, si no que van buscando el alma de su víctima. Enhorabuena, suerte con él. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos! Gracias por leer y por el comentario. A veces nos engañamos a pensar que podemos tender estas trampas a nuestros demonios, que podemos distraerlos de sus faenas. Sin embargo, con mayor frecuencia quedamos atrapados en las mismas trampas que tendimos. Suerte también a ti en el concurso.

      Eliminar
  15. Hola Ricardo, cómo estás, ya había pasado por aquí a leer tu relato, hoy he regresado porque no te había comentado y me parece muy enriquecedor compartir con todos los compañeros. Un relato fantástico, los tremendos conflictos del ser humano. Aprecio de verdad tu facilidad para plasmar una historia de este tipo. Sobrecoge el modo en que tu protagonista trata de liberarse de estos demonios que lo tienen atrapado. Se liberó o tal vez no..sigue ahí..Un final terrible. Un abrazo Ricardo. Suerte en el concurso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Mirta. Estoy de acuerdo contigo: los comentarios ayudan a crecer en este proceso; son una ventaja que tiene este medio sobre otros... Muchas gracias por tus palabras y suerte también a ti en el concurso.

      Eliminar
  16. Inquietante, angustioso... La maldad humana cuando nos ganan los demonios. Por momentos me has recordado a Bukowski. ;)
    ¡Suerte!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola. Saludos! Gracias por leer y por comentar. No sabía de Bukowski...pero ya lo he buscado y me parece genial. Ya lo estaré leyendo con detenimiento y alevosía. Suerte en el concurso!

      Eliminar
  17. Buen relato Ricardo. Hay cosas , o seres, llamésmolos como queramos, que no se pueden controlar.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos David! Gracias por leer y por comentar! Tienes razón, a veces hay que aprender a vivir con ciertos monstruos...

      Eliminar
  18. La verdad es que has conseguido un efecto de angustia en el lector. Muy bien logrado. Los demonios interiores... El que más y el que menos tiene uno puñado de ellos rondandoleb por ahí...

    Suerte en el tintero.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Jean. Gracias por leer y por comentar. Suerte en el concurso!

      Eliminar
  19. Hay tensión atrapante en tu relato. Está escrito de muy buena forma; lleva al lector a través de la peripecia, sufriendo a la par, comprendiendo a la par. Es un buen camino, el que has elegido, para enfrentarnos a nuestros demonios. Buena suerte en el Tintero. Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Viviana. Gracias por leer y por comentar. Bueno o no, el camino eligió a su víctima. Yo solo espero estar listo cuando el mismo camino conduzca a esa criatura a mi casa. Por lo menos, que me encuentre ebrio, regresando de la misma barrita de la esquina. ;-)

      Eliminar
  20. Buenas tardes, Ricardo. Los que hemos pasado por episodios de ansiedad o depresión posiblemente nos vemos identificados con tu relato. Has sabido describir los síntomas que atrapan y cómo nos lleva a cometer actos que, de otro modo, nunca habríamos llevado a cabo. Enhorabuena por esa atmósfera asfixiante que has conseguido. Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Beatriz. Gracias por leer y comentar. Buen punto ese. Es una sensación insoportable: ser incapaz de controlar nuestras acciones. Es experimentar el mundo como pasajeros en nuestro propio cuerpo. Es sentir como se acelera hacia el fondo del precipicio, sin poder actuar los frenos o soltar el paracaídas.

      Eliminar
  21. Me gusta la experiencia de esa voz narrativa en segunda persona. Me parece un acierto el modo como está señalado el punto de vista. Solo en una ocasión al principio :"Verás, me asecha una criatura", para poder desplegar en los párrafos finales toda la fuerza sin posibilidad de dispersión. Es un buen trabajo sin duda, para ser puntuado.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Don. Muchas gracias por tus palabras. De verdad se aprecian. Suerte también en el concurso!

      Eliminar
  22. ¿Qué tal Ricardo?
    A mi me parece, seguramente estoy equivocada, que has escrito una alegoría fantástica sobre los demonios internos que todos tenemos.
    Muy intenso.
    Suerte en el Tintero compañero.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Tara. Gracias por leer y comentar. No te equivocas. Creo que muchas de las cosas que nos atormentan desde adentro encuentran la manera de manifestarse afuera, ya sea en la forma de arañas venenosas, botellas de whisky o el humo de cigarrillos nublando los pulmones. Los monstruos no necesariamente tienen cuerpo de monstruo...

      Eliminar