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El Heavy Metal nuestro de cada día: Endless Forms Most Beatiful
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viernes, 14 de octubre de 2016

Harō Onna (波浪女) (10/2016)



Esta criatura me arrancó la cabeza por primera vez, en la película Tales from the Darkside, disfrazada de gárgola, pero siempre supe que se trataba de Yuki Onna, la dama de las nieves. Me enamoré de su hermosa y desesperada melodía en la interpretación de Symphony X. De ese amor surgió Harou Onna, ninfa de los mares tropicales, que igual que su madre helada en oriente, asecha victimas que juren promesas que no pueden cumplir, o peor aún, que intenten cumplirlas. Harou Onna, dama de las olas, ojalá algún día perdones mi soberbia: la arrogancia de haberte escuchado, de albergar subrepticio el recuerdo y creer tener la voz para invocarte.


En vela abdique ardiente al llamado
casi inaudible de tu leyenda.
Sutiles ecos y rumores tentaron
a construir una mágica escena.
Las olas frente a mi te forjaron
ninfa hermosa, niña milenaria,
tu piel de perlas salpicada en las llamas
del mensaje apócrifo de tu alma.
El mar pintó tu retrato
en gotas de color, con destellos de agua.

El enigma de tu cuento
fue razón; tu cuerpo la carnada;
el gen de un anhelo ajado,
el recuerdo de una candela asfixiada.
Como si el roce de mis labios dañara,
te esfumaste en una explosión de rocío:
un fantasma de sal, salitre en mis brazos.
El beso que se supone haya matado
me hizo esclavo de tu mito;
las marcas de mi erosión borradas.

Me encadené aquella noche
a una idea, a una terrible amenaza.
Me condené a retener vivo ese instante,
a tramar una traición al tiempo,
para sufrir por eternidades
que un buitre me arranque las entrañas.
Me obligué a buscar entre mangles en sombra
la fuente mítica del aventurero.
Me arrojé sobre la roca como fiera
para reconquistar la espada de ensueños.
Me consumí en la imposible tarea
de querer poseer al arcoíris,
tú, la más bella de las quimeras.