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El Heavy Metal nuestro de cada día:

El Heavy Metal nuestro de cada día: Endless Forms Most Beatiful
En la voz tranquila y profunda de Richard Dawkins comienza el octavo disco de la banda finlandesa Nightwish, Endless Forms Most Beautiful (2015). En el preludio; la calma antes de una explosión; el famoso biólogo reflexiona...

martes, 20 de diciembre de 2016

Aire (10/2016)




“Desciende, pues. Podría también decir: sube.
Es igual. Huye de lo que tiene existencia.
Lánzate a los libros, ilimitados espacios
de las imágenes. Deléitate en lo que
desde hace mucho tiempo no existe.”
Fausto - Parte II, Primer Acto 

 “You think that’s air you’re breathing now?”
Morpheus

Olvida la algazara y el ritmo que palpita acelerado. Dame la mano. Nos alejaremos del bullicio, coreografiando nuestros pasos con cautela por la pista regada de gente. Cuidado con los codos y las piernas que vuelan. Evita las colisiones; muchos de ellos después que cogen impulso no saben parar. Escaparemos al trance que producen las luces estroboscópicas y las varitas luminosas con las que trazan rayas en el aire. Te llevaré a un rinconcito que conozco bien, a salvo de la monotonía y el aburrimiento, y que es justo para acomodarnos. Adelante, entra tu primero. Cuidado con el escalón. Por favor ignora lo rudimentario de la cabina. La madera está vieja y rayada, pero servirá para sentarnos durante el corto tiempo de nuestra travesura.  Sé que la decoración es difícil, pero es inofensiva, solo más de lo mismo: pentagramas y crucifijos, manus cornutas, algún que otro genital obsceno y firmas postreras raspadas sobre las paredes. Muchas nalgas han vibrado inquietas donde reposan las tuyas. Como tú, vinieron a dar el salto. En la intimidad de esta esquina, apta para indigentes, nos arroparán las olas de un placer bravío, producto del coito entre lo químico y lo físico.

Abandona esa lucha en tus entrañas. Puedo ver tu conflicto y está demás. No soy omnisciente, pero sé que la decisión ya la tomaste. Buscas el conocimiento que solo yo puedo dar. Quieres satisfacer las más peligrosas curiosidades. Quieres llevar el placer del cuerpo y de la mente al próximo nivel; siempre lograr un escalón más alto (o más hondo). Son cosas que no puedes encarnar de los libros o de anécdotas; únicamente se entienden en la experiencia. Eso soy yo y estoy para servirte. Solo tenemos que resolver la minucia de los costos. ¡No hay tal cosa como un almuerzo gratis! Yo también sirvo a un poder y él exige remuneración. Toma, firma aquí. ¿Tu pluma no escribe? Déjame ver. La tinta está seca. La puedo derretir con mi encendedor. Listo, ya está. Ahora ven aquí, abre la boca y prueba esto.  Nada tiene que ver con pastillas azules ni con cápsulas rojas. El humo blanco será nuestro guía. Pronto, perseguiremos dragones.

Sincroniza tus latidos al pulso del ruido que inunda este rincón. Se acelera; el volumen agotó la escala. Como consecuencia heredarás un pito agudo: el retoño del ultraje de tus oídos. Seguirás escuchando su eco obstinado, cuando más duro sea el silencio que te envuelva.  Es un efecto secundario de la droga que metabolizas. No te preocupes; por ahora solo tienes que escuchar mi voz... Siente el suelo caer acelerado. Ascendemos en círculos, como trepando la escalera espiral del castillo de Drácula o la torre de Babel. Levitamos sobre un campo de pasto despeinado. Nos apartamos con premura. Disfruta la taquicardia. Siente tus venas acarrear fuego. Ignora el mareo que producen las ondas subsónicas que bombardean tu cabeza. Contén las náuseas. Sé que estas de nervios, pero ya pronto viene la mejor parte…

Primero, te voy a amarrar a mí. No te asustes. A veces las cosas que parecen malvadas resultan buenas. Nuestra unión es esencial. No solo estoy aquí como guía tentador; también protagonizo. Sin mí, te perderías en este laberinto de sensaciones. Además, necesito asegurar que cumplas con el pacto, que no abandones la empresa antes de agotar todas sus consecuencias psicotrópicas. Levántate, vírate de espaldas y apóyate del marco de la puerta. Abre las piernas y soporta mi peso sobre ti. No te preocupes, nadie nos puede ver en la intimidad de esta covacha, aun con la puerta abierta. No pudieron seguirnos hasta aquí. Estamos fuera del alcance de su vista, parapetados por la niebla densa que siempre sale a ocultar el suelo. Tengo que ajustar más fuerte las correas. Ya está hecho. Voy a enredar mis pies entre tus pies. Acepta mi abrazo que te encierra tenazmente. Encoje los tuyos en forma de momia y relájate. Rinde tu cabeza sobre mi hombro. Ahora, deja que tu boca aspire el buche de aire blanco. Traga la escena.  Cruza el umbral. Entrégate al ruido, al vértigo y a mí. A la una, a las dos y a las…

No hay cuenta de tres. Siénteme cuando me impulso a través de ti y te empujo al abismo de una emoción exótica. Quedamos fosilizados, fijos en el espacio y el tiempo, y es el resto del universo lo que da vueltas alrededor de nosotros. Monta la ola de presión que nos traspasa como si fuéramos construidos de agua. Siente la saliva que se extingue de tu gaznate, huyendo despavorida, automática, hacia las fosas del estómago. Es la más inhumana sensación del cuerpo. Muchos la detestan, pero otros son adictos a sus violentas caricias. Ella implota a tus pulmones y los arrastra laringe arriba, hasta que los puedes paladear con la punta de la lengua. Ella te advierte, en su carrera ensordecedora por tus axones, que se acerca el punto culminante de nuestra travesura acelerada. Ambos, ahora, pertenecemos al vacío.

Abre los ojos; los tienes fruncidos. Estas flotando en la falda de las nubes. Estas nadando en el espacio de la tropósfera. Ven y mira al mundo como lo que es: un óleo sobre tela, un cuadro impresionista que desenfoca la realidad, que extravió al menos una dimensión. Los colores cambian. Algunos se diluyen; tú pones los que faltan. La imagen nos ataca rugiendo borrosa y brillante. Vamos, abre los ojos. Procura memorizar cada instante, cada visión engendrada por esta rola que te desplomó. Colapsaste entre mis brazos, como un saco de carne que ahora cuelga de mi cintura. Te ayudaré a enderezar. Eso es. Endurece y estira los brazos y los zancos, despacio, como lo hacen los gatos. Ignora el soplo en tus oídos y el temblor de tus manos sudorosas. Siénteme firme al dorso, comandando con mis gestos la dirección y el roce de nuestros cuerpos; como lo haría un buen amante o un buen titiritero. Anda, oscila a mi ritmo, como lo habías practicado en la pista: una palma primero, luego el codo contrario: el baile de la esvástica. No pares de inhalar el aire rarificado de esta droga desarmada, que solo mata a cinco de un millón.

Abre bien los ojos y enfoca.  A pesar del dolor intenso de la mirada, logra atisbar el fin a este relato de sensaciones. La energía de los dioses se quemó por tus venas: el combustible adrenal que disparó tu cerebro. Tienes la piel hecha cuero de gallina que se despega del hueso de tu quijada. Veo tus brazos enrojecidos por el picor de infinitas agujas invisibles.  Tu camisa truena desatada contra tu pecho. No imaginaste el poder ni la fuerza brutal del aire y ahora te estremece la realidad de su advertencia huracanada. Tu cuerpo se desmayó entero hacia el suelo hace escasos minutos y ahora no recuerdas como comenzó todo. Cruzaste la pista de despegue en busca de una experiencia que solo ocurre en el filo de la moneda del barquero (el del río negro y los dedos de hueso). Nadie te obligó a entrar en la barriga de mi avión ni a firmar aquel contrato con tinta roja. Cuatro mil pies de aire es todo lo que resta.  Eres polvo que viaja a toda velocidad. Pierdes la voz en vano. Nadie más que yo te escucha gritar por encima del zumbido inagotable entre tus orejas. Nuestro pacto será cumplido; no hay vuelta atrás. El sirviente se volverá el amo. Olvida el cable que expulsa el paracaídas. Ya es muy tar


martes, 13 de diciembre de 2016

A Dorian (12/2016)



 Monstruo incógnito, lobo malvado,
deambulas bípedo, erguido entre ellos,
un hato de corderos insospechados,
de la mendacidad impune del rostro,
del disfraz antropoide, afable y majo,
 que vela los colmillos del licántropo.
Solo yo sé que te arrastras ondulando
y entre lujurias, escamas en secreto
una estela de pellejo humano.

Escondes bien al demonio ajado,
tu prisionero encadenado en la sombra,
al pie de la espiral que cae al sótano.
Su lengua borra todas las máculas
pintadas con la tinta hedionda de tu asco,
La aguja calada en tus vicios tatúa
las cicatrices en su cuero tajado.
Vives por la mirada fuliginosa
del fiambre en el maldito retrato.

Eres mi doble, reciprocado;
soy yo detrás de la tela nauseabunda
y veo el puñal oculto y afilado.
Tramas el fin de tu aflicción cíclica,
 si desvaneces al genio pincelado,
aquel que sumiso, tragó tu inmundicia.
Ven, quiebra la necromancia perpetuando
tu sueño hedonista; degüella a la puta,
tu alma, que se pudre en este cuadro.





















(tomado de la serie de TV Penny Dreadful)