Todavía un niño,
jugabas con las teclas de un piano. Tanteabas patrones; pescabas melodías. Un maestro especial te enseñó a descifrar los símbolos de
una matemática fantástica, una
magia
asombrosa, que habla el lenguaje de los sonidos en el papel. Jimmy Page te hizo esclavo de la guitarra: el mejor instrumento del mundo.
Blackmore te inició en el misticismo. En poco tiempo domaste las
vibraciones de las cuerdas. Desde Berkley, comenzaste la tarea
imposible de transcribir a Frank Zappa. El genio rebelde del oeste te
acogió bajo su ala. Juntos, navegaron los paisajes mas complejos y
perversos. Arribaste,
maduro, a una era de innovadores. Van Halen juró ignorar las reglas y Malmsteen no puede prescindir de ellas y tú, Steve Vai, los relevaste
magistralmente a ambos. Brillaste con luz propia desde la
tarima, bajo sombras de gigantes. Ven y regresa a tu choza armónica, donde el estante infinito sigue creciendo en
ideas acaparadas. Haz que la música suene como tú quieres: excéntrica y virtuosa,
compleja y radical. Quiero
escuchar una
conversación entre extraterrestres. Quiero
que sueñes con
serpientes. Exhala
una canción
al
respirar.
Saluda a Stravinsky de mi parte y por el amor de dios,
sigue extrayendo notas al éter y al sonido de las flores contra la
ventana.
Son suspiros, recuerdos, destellos, puños sobre la mesa y arcos de corriente. Son todos espectros que emanan y se enredan de una música muy especial.
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El Heavy Metal nuestro de cada día:

En la voz tranquila y profunda de Richard Dawkins comienza el octavo disco de la banda finlandesa Nightwish, Endless Forms Most Beautiful (2015). En el preludio; la calma antes de una explosión; el famoso biólogo reflexiona...
miércoles, 13 de septiembre de 2017
miércoles, 6 de septiembre de 2017
Carta abierta a un escritor (09/2017)
6
de septiembre de 2017
Ponce,
P.R.
Saludos
cordiales,
Espero
se encuentre saludable un día como hoy. No me conoce, ni yo a usted,
pero le prometo que, si lee esta carta hasta el final, me dedicaré a estudiar
su obra. Devoraré todas sus páginas impresas y electrónicas. Haré
notas; buscaré símbolos. Mi crítica será cruel, pero honesta.
Nuestros debates serán extensos y fogosos. Nos admiraremos
mutuamente. En el espíritu de esa amistad por concretarse, le
escribo para solicitar algo inusual. No se preocupe, no necesito
dinero, por lo menos no ahora. Le escribo para pedirle que me
escriba. Deseo habitar una de sus obras. Engendre, le suplico, un
personaje y enséñele a hablar como usted cree que yo hablo. Que
nazca en
las páginas de un cuento o una novela (no sabría como vivir
en un poema). Debe ser arrogante y socialmente torpe. Puede comenzar
narrando su eterna lucha con los vicios, pero destaque los más
nocivos. También puede mencionar algunas virtudes, aunque tendrá
que escarbar ardua y pacientemente. Añada modestia, si quiere.
Resalte el malgasto de los pocos tesoros que cayeron en sus manos
durante el camino. Cuente como desatendió sus mejores talentos en
favor de distracciones banales. Puede usar la guitarra como ejemplo.
Haga una lista de todas las oportunidades que desconoció, detrás de la
comodidad malvada. Achaque síntomas y dolores que va
descubriendo. Infle su abdomen en varias tallas. Despinte su cabello
e invente un síndrome genético para explicar cómo aclaró prematuramente. Que
use un disfraz de astronauta, sino que practique la ingeniería.
Igualmente puede fungir detrás de una barra sirviendo tragos
ardientes o recogiendo y coleccionando basura. De punto culminante,
que se vea de rodillas frente a una encrucijada, como una madeja de
caminos cuyos destinos la niebla y el polvo del desierto ocultan bajo
sus pliegues. Hágale sufrir una crisis de identidad. Como en la
película de Nolan, que el germen de una idea contamine su alma. Que
no soporte lo que es, ni quiera ser lo que pensó quería ser. Opaque
el lustre de todas las cosas que tiene, y transfórmelas en piedras
grandes y pesadas, como la de Sísifo. En el proceso, deje que se
autodestruya, que poco a poco, eche todo a perder. Ese capítulo será
aterrador. Se que es mucho lo que pido. De no ser posible, si mi vida
no es apta para ser publicada, le ruego entonces que al menos,
estimado escritor o escritora, me diga que ocurre después de la
encrucijada.
martes, 5 de septiembre de 2017
Hechos de papel II (09/2017)
Allí estaba, tendida sobre la mesa,
desnuda y sumisa, esperando paciente la tortura. El instrumento
flotaba sobre ella, amenazante, en mano de quién la hizo prisionera.
Su cuerpo temblaba levemente al menor roce, al menor suspiro. Quería imaginar que, a la larga, parte del dolor se confunde con placer. Surgieron dudas en la mente de violador; temor y
respeto inspiraban la profunda inocencia de aquella criatura pura. Aun así, sin remordimientos, sin más
preámbulos, comenzó a raspar la piel blanca. Cada tajo añadía
letras rojas
a una
palabra.
Cada palabra completada, dolía más que la anterior. Se detuvo y vio lo
que había hecho. No sabía si era bueno o malo. Pensó rajarla.
Ella se defendió como pudo. Extasiada
del dolor y rendida, comenzó a susurrar: “Allí estaba, tendida sobre la mesa,
desnuda y sumisa....”.
Artista: Peter Callesen
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