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martes, 29 de septiembre de 2026

La Pantera Rosada (09/2026)


 

 

Mami esta aprendiendo a coser. La vecina, bueno, su hija Tati, le está enseñando. Es muy buena y esta haciendo trajes largos y elegantes para venderlos. Algún día será modista o algo así. Mami todavía está dando sus primeros pasos. Se compró una máquina Singer, usada, pero le resuelve. Se la pasa comprando telas y agujas. Ya no quiere ir a las tiendas con nosotros, prefiere ahorrarse el dinero por labor cotidiana. Nos trae una revista o un anuncio de periódico y nos señala a las fotos.


-- ¿Cual quieres? ¿Esa? ¿Te gusta esa camisa?


Y allí sale y compra la tela en Woolworth o en Capri. La corta en rectángulos y triángulos y le inserta el casete a la Singer, el que le dice a la máquina cómo moverse y cuando enterrar y retirar la aguja. Me encanta verla coser, pero mas por la máquina que hace lo que el humano solía hacer, desde hace siglos, pero mas rápido, mas preciso. Me encanta el sonido de las poleas y el zumbido del motor eléctrico cuando ella oprime el pedal en el piso. La ropa no puedes diferenciarla de la que venden en Sears o JC Penny.


-- ¿Y eso pantalones? ¿Te los pones? Dime.


Tati nos cuida por las noches, cuando Roberto y Marianita salen a comer o hacer cosas que desconocemos. Ya casi no nos llevan con ellos, desde la última algarabía que formamos en un restaurante de esos, donde los meseros usan lazo y delantal y donde las mesas tienen manteles finos. Tati es muy buena con nosotros. A su corta edad (19 años, tal vez), tiene mucha paciencia. Yo no doy mucho trabajo. Soy mas tranquilo, excepto cuando me cucan. No lo sé en este momento, pero Tati es hermosa. Es alta y esbelta, y los pómulos en su cara son otra cosa. Si no lo logra como diseñadora, de modelo, de seguro, va a ser un éxito. Entre ella y su nueva discípula ya prácticamente han forjado nuestro ajuar completo.


Se aproxima la noche de Halloween. Todavía no tenemos un disfraz definido. Mami está harta de los zombies y los vampiros. El mío del año pasado, con la sangre emanando de los ojos y la boca, todavía le da espanto. Tampoco ayudó el cuchillo atravesando mi cabeza. No. Este año vamos a ser superhéroes o algo mas ameno. Mi hermana decidió ser la mujer maravilla. Mi hermano, el Hulk o el príncipe Namor. Pero entonces falto yo. Tati sale al rescate. Habiéndome cuidado por tanto tiempo, desde que era bebé, sabía muy bien las cosas que me gustaban, en especial unos muñequitos que no dejaba de ver a cada oportunidad, cambiando canales en la televisión. Me pasaba tarareando la melodía inolvidable de Mancini. Caía al piso riendo a carcajadas todas las mañanas. En mi caminar, ya se veían rastros de imitación. Ella tenía el talento y con mami, la mano de obra necesaria para hacerlo realidad. Este año voy a ser la Pantera Rosada. Quería mucho a ese personaje: su extraño andar, la forma en que siempre estaba tranquilo y seguro. Aun cuando perdía y salían las cosas mal, actuaba como si todo estaba bien, como si hubiese ganado.


Llega el día de todos los santos. El traje esta listo. Consta de un mameluco que me cubre entero, completo con cremallera por detrás (por lo que necesito ayuda externa para entrar y salir de él) y cubierto en gamuza rosada (¡genial!) solapando una capa de nilón por dentro. La cabeza la consiguieron en una tienda de accesorios de teatro o se la arrancaron a un peluche. Se usa como capucha que me cubre el pelo y las orejas, pero está bien. Tengo patas, cola y orejitas rosadas y redondas. Es una obra que merece admiración, de verdad. Es irrelevante que dentro del traje tan solo cinco minutos, ya estoy completamente sudado y tal vez he rebajado una libra.


El sol todavía esta cayendo; la noche no es completa. Salimos solos a buscar los dulces. Eramos pequeños, pero ya no tan pequeños y en mí calle, todo el mundo se conoce y en las aledañas también. En fin, es otro tiempo. La vieja tradición de cantar, casa por casa, “trick or treat, dame chavos y no maní”, está viva. A veces nos regalan monedas, pero en su mayoría, serían barras de chocolate, bombones y paletas de chicle. El que cuente la mayor cantidad de golosinas al final del paseo, gana.


Ya estamos de regreso, locos por declarar un ganador. A mi hermano no lo ayudó que ingirió unos cuantos en el camino. Es tarde en la noche para nosotros. Al final de la calle, cerca de la casa, los otros niños se aglomeran en la esquina. Son mayores que nosotros. Ya ellos no salen a buscar dulces. Aparecen mas tarde, para hacer maldades y molestar a otros. Uno de ellos ve a la pantera que viene andando con su canastita. Su piel es color de rosa. El no entiende. Le hace señas a los otros; los hala por la camisa.


-- ¡Mira eso! ¡Mira eso!

-- ¿Que puñeta es eso? Cabrón...

-- Ese es el concord, David.

-- ¡Que clase de mamao! ¡Ven acá! ¡Ven acá!


Me decían concord porque, aunque era menor que ellos, comencé a estirar muy temprano y ya los alcanzaba, a algunos, en estatura. Pero, todavía no me acostumbraba a mi nuevo cuerpo, que seguía evolucionando, y caminaba medio jorobado, como la nariz del avión supersónico. Me rodean y me obligan a ir con ellos, a la esquina donde hay un poste con el letrero que indica el número de la calle. Me están halando la cola y pellizcando el traje. Uno de ellos me arranca la cabeza. Siguen las mofas y los insultos. Estoy tratando de escapar. No quiero estar allí. No puedo. Me impiden el paso. Otro brigante logra amarrar mi cola al poste y no puedo zafarme. Como era el disfraz, no alcanzaba la cremallera ni a la cola. Mi hermana viene a socorrerme. Se enfrenta a ellos pero la empujan y se va corriendo a pedir ayuda. Están usando los dulces de mi canasta como proyectiles. No duele mucho, excepto los de maní, esos si duelen, en especial si rompen en tu cara. Estoy sudando mas de lo que ya había sudado. Mis lágrimas son invisibles. No puedo moverme. Bajo la cabeza y pienso que todo pasará, todo eventualmente pasa. ¿Que haría la pantera rosada? Nada, porque tarde o temprano todo va a salir bien...


Tati viene corriendo. Los bandidos se dispersan. Me desamarra y me abraza y me da muchos besos. Mis lágrimas ya están secas. Me ayuda a recoger los dulces del piso. El disfraz está arruinado. La pantera fue decapitada. Se siguen sumando las reglas: no muestres a otros las cosas que mas quieres. Las pueden arruinar. El año que viene y los siguientes, usaré un disfraz mas apropiado. Seré Magneto o el varón Ashler. Seré el comandante Cobra.

 

 




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