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El Heavy Metal nuestro de cada día:

El Heavy Metal nuestro de cada día: Endless Forms Most Beatiful
En la voz tranquila y profunda de Richard Dawkins comienza el octavo disco de la banda finlandesa Nightwish, Endless Forms Most Beautiful (2015). En el preludio; la calma antes de una explosión; el famoso biólogo reflexiona...
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sábado, 26 de mayo de 2018

El Heavy Metal nuestro de cada día: Endless Forms Most Beautiful (05/2018)

“Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.”
Ángel González













     En la voz tranquila y profunda de Richard Dawkins comienza el octavo disco de la banda finlandesa Nightwish, Endless Forms Most Beautiful (2015). En el preludio; la calma antes de una explosión; el famoso biólogo reflexiona:

"El consuelo más profundo
reside en entender
esa corriente invisible y antigua...
…(que) nos estremece ante su belleza."


     Las últimas palabras de esa estrofa encienden la mecha para A Shudder Before the Beautiful, que explota en los sentidos con sus primeras notas. La orquesta, protagonista de los primeros compases, se funde luego con la guitarra en un ritmo desenfrenado. Somos los peregrinos, canta Floor Jansen, usando una voz nueva, raspando la parte más baja de su amplio registro vocal. Somos los viajeros, dice Floor, buscando escribir nuestro propio cuento. En Weak Fantasy, Floor y Marco Hietala (bajo, vocales) claman urgente para que abandonemos la superstición. Las dos voces, la dulce y la áspera, unísonas, denuncian el miedo como una herramienta brutal y milenaria para subyugar mentes. Los versos pesan, cargando otra voz nueva e interesante de la vocalista. En el interludio, la música baila alrededor de una lumbre, al ritmo celta de una guitarra acústica.
     Élan quiere experimentar la vida. Nada tiene que ver con las controvertidas ideas de Bergson. Floor y Troy Donockley (gaita, guitarra, flauta), los nuevos integrantes de la banda, acuñan una melodía ancestral que alguna vez pudo ser una canción de cuna primitiva. La flauta suena como el canto de un ave en la madrugada que intentan evocar. Elán es una caricia que despierta suavemente y también una fuerza vital que incita a probar el vino, a nadar entre las nubes y a saltar desde el borde del acantilado. Yours is an Empty Hope, probablemente la canción más pesada de todo el álbum, suena a despecho y sabe a resentimiento. Potente y violenta es su ristra de mensajes íntimos que solo sus protagonistas pueden descifrar. Our Decades in the Sun es más que la balada obligada. Floor conmueve con su voz dulce y penetrante que se acerca y se aleja, como el mar en la playa donde tanteamos nuestros primeros pasos, todavía con aletas y llenos de agallas. En la cadencia, las cuerdas tejen un tema profundo que evoluciona en cada compás. En My Walden encuentran a Donockley cantando a la naturaleza en lengua gaélica, justo al umbral de la cabaña de Henry David Thoreau.
     Endless Forms Most Beautiful viene a rendir tributo a esa fuerza antigua y poderosa que nos ha traído hasta aquí, entendida y apreciada desde la ciencia. El concepto gira en torno a dos libros del mismo Dawkins: The Ancestor’s Tale (2004) y The Greatest Show on Earth (2009). El primer libro es un viaje hacia atrás en esa corriente del tiempo, de la mano de diversos protagonistas que son cada vez más antiguos: de hija a madre, de madre a abuela, y así hasta llegar a LUCA, el último común ancestro de toda la vida en la Tierra. En el segundo se expone la abundante evidencia, incluyendo la que aportan otras ramas desconectadas de la ciencia, para sustentar la evolución como una teoría con el mismo peso que la gravedad. Dawkins no solo aprobó el uso del material sino que también grabó varias narraciones para el álbum y participó en un concierto en el Wembley Arena con la banda. No obstante, la celebré frase, que también da nombre al álbum, es inspiración de Darwin en el El Origen de las Especies (1859):

“There is grandeur in this view of life, with its several powers, having been originally breathed into a few forms or into one; and that, whilst this planet has gone cycling on according to the fixed law of gravity, from so simple a beginning endless forms most beautiful and most wonderful have been, and are being, evolved.”

     La segunda mitad del álbum continua con Edema Ruh y Alpenglow que seducen con sus melodías y sus potentes coros y sirven de preámbulo para el enigma de una mirada en The Eyes of Sharbat Gula. El último tema, The Greatest Show on Earth es, según Toumas Holopainen (teclados, compositor, letras), la obra cumbre de Nightwish. Ambiciosa y larga, pretende condensar la historia del universo en pocas decenas de minutos. Técnicamente compleja, repleta de cambios en ritmo y tiempo, crea el espacio perfecto para que cada integrante de la banda experimente y luzca. El tema se estructura en cinco partes, que narran periodos específicos de la historia. La primera parte da luz a un planeta y en la segunda nace la vida. La tercera parte está dedicada al simio condescendiente. El último capítulo, madera a la deriva, es especialmente impactante. Dawkins reaparece para verter una de sus tesis principales:

“Vamos a morir y eso nos hace los agraciados. La mayoría de las personas nunca van a morir porque nunca van a nacer. La cantidad potencial de personas que pudo estar en mi lugar, pero que nunca verá la luz del día, supera la suma de todos los granos de arena en Arabia. Ciertamente, entre esos fantasmas no nacidos, se encuentran poetas más grandes que Keats y científicos más grandes que Newton. Sabemos esto porque la variedad de personas posible permitida por nuestro DNA excede masivamente la cantidad actual de personas. En los dientes de esa probabilidad estupefacta, somos tú y yo, ordinarios, los que estamos aquí. Nosotros, los pocos privilegiados que ganamos la lotería del nacimiento contra todas las probabilidades, ¿cómo nos atrevemos a quejar de nuestro inevitable regreso a ese estado anterior de donde la gran mayoría nunca ha despertado?

     Endless Forms Most Beautiful es duro, como el rock pesado debe ser, pero es también tierno y estético. Tiene sus momentos de furia y de paz, como los buenos debates suelen tener. La banda y la orquesta chocan, aunque no son opuestas, y se fusionan en cada colisión, creando luces y sombras que varían en el ojo del observador, algo que el buen arte siempre logra. El álbum invita al pensamiento profundo y extendido, como todo buen libro debe hacer y narra una aventura épica, como las que los buenos cuentos saben contar.


The Greatest Show on Earth - Arreglo y Cover por Fernanda Alba.

miércoles, 17 de enero de 2018

Metales Preciosos: Los Zombis



 
 Los Zombis
(Josue Montijo)

Es lo más aterrador que he leído en mucho tiempo. No logro escapar a este relato que, fiel a la naturaleza de los monstruos que contiene, continua devorando lentamente mi cabeza. Montijo traza una raya muy fina entre lo real y lo ficticio. Recuerdo una reseña que leí de una novela de Cormac McCarthy, No Country for Old Men, donde el crítico concluye que la obra era más que una alerta desesperada, era un presagio: “escribe poderosamente acerca de padres e hijos, de la responsabilidad por uno mismo, por nuestras familias y nuestras comunidades, como un patrimonio que la verdadera esencia de la modernidad puede haber dañado sin remedio, mutada tan horriblemente que un nuevo tipo de humano, sin alma, un ángel destructor, no solo puede estar ya suelto entre nosotros, sino que puede ser lo que estamos destinados a convertirnos." Ambos autores dan testimonio de estas criaturas. Yo también las he visto merodeando y al asecho. Se multiplican. Temo lo que son capaces de hacer en grandes números. No importa como las quieran llamar. Sean ángeles, zombis o demonios, todas carecen de alma y cerebro.

jueves, 12 de enero de 2017

Metales Preciosos: Ghost Rider

     La carretera devoró a tu niña. Desde ese día nefasto, irreal, luchaste por rescatar a tu esposa del naufragio, de la chatarra y del humo, de los espectros que ella misma invocó una y otra vez, hasta el final. El cáncer fue un germen oportunista, astuto. Perdiste ambas batallas, la tuya también. Desde el horizonte de un abismo negro y voraz que lentamente te absorbía, dudaste de la criatura (si alguna) que escaparía al otro lado de aquel túnel oscuro. Pero no te entregaste a los caprichos de la asesina. Decidiste enfrentarla en sus propios términos. Cabalgando sobre las llantas orondas de una BMW y con sorbos de Macallan entre paisajes nublados, recorriste los laberintos álgidos del noroeste americano. No huías de algo; solo tratabas de adivinar el próximo paso. Los bosques templados de los antiguos inuit te recibieron sin respuestas. Allí atisbaste al antiguo inukshuk y te pareció que era sorna: algo a semejanza de un hombre.
     Los fantasmas eventualmente se desvanecieron en parte, no del todo, pero te dejaron con la visión clara de ser el cartógrafo de tu futuro. No requerías de copiloto. Los camioneros y los motociclistas (la fauna frecuente de esos capilares viales) no fueron tu verdadera compañía porque, en secreto, escondías a un polizonte. Entre la falda y la barbilla cargabas, protegida del ruido y del viento cortante, a tu pequeña alma: una criatura nueva, metafórica, engendrada por la destrucción. Con valor le enseñaste a andar, a tomar whisky y a leer a Hemingway. Sus padrinos, London y Poe, le mostraron lo brillante y fugaz que puede ser la vida bien gastada. Selena le regaló el placer de maravillarse por la cantidad inmensa de cosas que pueden ocurrir en un solo día. Al final, agotado el camino, milenario en millas, la llevaste de la mano a aprender un arte del cual, para muchos, ya eras el máximo exponente.
     Gracias Neil, por compartir lo indescriptible, por aproximarnos a una experiencia que no logra consuelo. Gracias por tu honestidad brutal, por tu escepticismo, por no tintar las memorias con fantasías masoquistas de planes divinos o promesas de redención. Renegaste valiente de usar un paracaídas celestial; no hay redes debajo del trapecio que es la vida. Andamos, ciegos o no, sobre el mapa que nosotros mismos dibujamos. Gracias por recordarnos que se pueden recorrer todos los caminos, aun los mas empinados, sin saber donde terminan o qué hay después del túnel. De seguro, ni siquiera un túnel hay.


sábado, 12 de noviembre de 2016

Metales Preciosos: La guerra contra todos los puertorriqueños.

Este libro es brutal y sanguinario. Apesta a indignación y a desvergüenza. Suda trepidante por el terror y pánico de más de cien años de persecución despiadada, a veces oculta, pero siempre en nuestra cara. Ruge de rabia tremebunda por la impunidad de los asesinos de cuerpos, por los torturadores, pero más aún, por los que mataron las mentes. Que el gusano de Neruda sea adorado como un gran líder, adornando como un diosecito, altares, estatuas y edificios, es injurioso por demás. Que fuimos, somos y seremos sus cómplices, carece de perdón. Este libro es el vil recuento de cómo nos arrancaron los ojos, nos atiborraron la boca y nos amputaron los puños de protestar. Nos aplastaron el alma. Atrévanse a recordar.


viernes, 30 de septiembre de 2016

Metales Preciosos: A Drummer's Dream


Un lago hermoso, jóvenes sentados y atentos en la orilla, una mano que golpea suavemente la cabeza de un micrófono para crear un palpitar lento y callado, así comienza esta pequeña prenda hecha de cuero y metal, magia y locura: con el corazón. Es un sueño, el sueño de un percusionista, que logró reunir por unos días a varios de los músicos más talentosos de la historia. Ignorando las ilusorias fronteras entre el rock y la rumba, el jazz y el blues, los maestros van compartiendo su arte y su técnica, creando miradas incrédulas y quijadas bien abiertas. "Uno dos, uno dos tres, uno dos tres cuatro, uno dos tres, uno dos, uno...", recita velozmente Mike Mangini (Dream Theater). Al ritmo de su instrucción, su mente y extremidades actúan en sincronización perfecta. El juguetón Giovanni Hidalgo encarna el alma en la música. Su pasión y entrega es total. Por momentos es difícil separar sus dedos del cuero que tocan, como si su cuerpo fuera la proyección astral del tambor, o viceversa. La alquimia en el aire fue evidente. Disfruten de ver a Mangini marcando con el cencerro el ritmo latino de Horacio "El Negro" Hernández, quien creció escuchando a Bruford. Dennis Chambers no parecía convencido por las bromas de Hidalgo, pero se abrazaron igual. Raul Rekow recordó aventuras y travesuras con Giovanni, cuando Santana coincidió con Tito Puente. Las trenzas de Kenwood Dennard no pararon de bailar rebeldes mientras hacia el bajo y la batería a la vez. Destreza y fortaleza física, agilidad mental, enfoque y el oído consciente del pulso constante del corazón: la receta increíble para estos genios de la percusión y la creación.

sábado, 2 de julio de 2016

Metales Preciosos: Lucy, la australopithecus.

















     Hablando de libros, acabo de devorar las casi cuatrocientas páginas de Lucy: The Beginnings of Humankind, de Don Johanson y Maitland Edey. Relata la fascinante historia de los fósiles homínidos descubiertos en el triángulo de Afar, en Etiopía. Pero mejor aun es la otra historia que transcurre detrás de las letras. Es una demostración real de cómo engrana el método científico y como la ciencia brinca, baila y rebota hasta detenerse, momentáneamente, en una conclusión. La historia que narra Johanson, contiene todos los elementos clásicos de un misterio a resolver, las instrucciones de como levantar las pistas científicamente y metódicamente, como analizarlas y de como llegar a conclusiones, solo en base a esas pistas. Se presentan situaciones muy humanas, donde los personajes principales confrontan su propio escepticismo y salen airosos. Tal vez ningún ser humano pueda ser puramente objetivo (aunque Tim White parece intentarlo exitosamente). Los protagonistas lo admiten. Ellos todos tienen sus prejuicios de cómo les gustaría fuera el pasado de la humanidad, pero, confrontados con la evidencia, desisten de sus conclusiones primordiales. En un momento clave, el norteamericano James Aronson acusa a Maurice Taieb de cometer un error de análisis en la clasificación de los estratos basálticos, a lo que Taieb solo responde con "¿y donde está la evidencia para afirmar eso?". De seguro que situaciones menos tensas han desatado la guerra de países enteros, y sin embargo, el geólogo franco ni se inmuta. El mismo Johanson, da su propio testimonio de cómo la evidencia científica lo obligó a arrancar a Lucy de la rama de los Homo, posición que asumió y defendió desde el principio, literalmente, a diente y uña. El libro retrata fielmente lo que son y deben ser los científicos modernos, y lo que no deben ser. Me gustaría que ese ejemplo aplicase a todas las ramas de la vida cotidiana.
     La biografía de Lucy, tampoco deja de impresionar y de excitar a la curiosidad. Lucy transporta la imaginación al horizonte de los cuatro millones de años en el pasado, cuando la humanidad, con toda seguridad, no tenía mucho de humana. Estos paleo-antropólogos intentan encontrar las respuestas a las preguntas más básicas: ¿quiénes somos y de dónde venimos? Y las persiguen hasta los fines de la tierra, escarbando los desiertos mas áridos y calurosos, flanqueados por gobiernos en anarquía y bajo la mira telescópica de rebeldes armados. Allí verán a Johanson y a sus estudiantes más brillantes, de cuclillas en el polvo ardiente, soportando el peso del sol en la nuca, esperando pacientemente que la tierra escupa una tibia o un pedazo de diente, que revele una pieza más del millonario rompecabezas de la naturaleza humana.

sábado, 11 de junio de 2016

Metales Preciosos: Ángel González



Este poco a poco se ha vuelto mi poema favorito. No dejen de escuchar a Ángel González ahumado entre los acordes de Pedro Guerra. Me duele como diseca la condición humana; con fría exactitud científica. Veo a Darwin y a Dawkins sonrientes; malvados. Estos versos son el cruel recuerdo de lo que somos: manchas y pajas sobre las páginas de la historia del mundo, signos de puntuación en la narrativa, respiros en el discurso, el espacio y el aire entre las palabras.

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda podrido entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...

Ángel González