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El Heavy Metal nuestro de cada día:

El Heavy Metal nuestro de cada día: Endless Forms Most Beatiful
En la voz tranquila y profunda de Richard Dawkins comienza el octavo disco de la banda finlandesa Nightwish, Endless Forms Most Beautiful (2015). En el preludio; la calma antes de una explosión; el famoso biólogo reflexiona...
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jueves, 12 de enero de 2017

Metales Preciosos: Ghost Rider

     La carretera devoró a tu niña. Desde ese día nefasto, irreal, luchaste por rescatar a tu esposa del naufragio, de la chatarra y del humo, de los espectros que ella misma invocó una y otra vez, hasta el final. El cáncer fue un germen oportunista, astuto. Perdiste ambas batallas, la tuya también. Desde el horizonte de un abismo negro y voraz que lentamente te absorbía, dudaste de la criatura (si alguna) que escaparía al otro lado de aquel túnel oscuro. Pero no te entregaste a los caprichos de la asesina. Decidiste enfrentarla en sus propios términos. Cabalgando sobre las llantas orondas de una BMW y con sorbos de Macallan entre paisajes nublados, recorriste los laberintos álgidos del noroeste americano. No huías de algo; solo tratabas de adivinar el próximo paso. Los bosques templados de los antiguos inuit te recibieron sin respuestas. Allí atisbaste al antiguo inukshuk y te pareció que era sorna: algo a semejanza de un hombre.
     Los fantasmas eventualmente se desvanecieron en parte, no del todo, pero te dejaron con la visión clara de ser el cartógrafo de tu futuro. No requerías de copiloto. Los camioneros y los motociclistas (la fauna frecuente de esos capilares viales) no fueron tu verdadera compañía porque, en secreto, escondías a un polizonte. Entre la falda y la barbilla cargabas, protegida del ruido y del viento cortante, a tu pequeña alma: una criatura nueva, metafórica, engendrada por la destrucción. Con valor le enseñaste a andar, a tomar whisky y a leer a Hemingway. Sus padrinos, London y Poe, le mostraron lo brillante y fugaz que puede ser la vida bien gastada. Selena le regaló el placer de maravillarse por la cantidad inmensa de cosas que pueden ocurrir en un solo día. Al final, agotado el camino, milenario en millas, la llevaste de la mano a aprender un arte del cual, para muchos, ya eras el máximo exponente.
     Gracias Neil, por compartir lo indescriptible, por aproximarnos a una experiencia que no logra consuelo. Gracias por tu honestidad brutal, por tu escepticismo, por no tintar las memorias con fantasías masoquistas de planes divinos o promesas de redención. Renegaste valiente de usar un paracaídas celestial; no hay redes debajo del trapecio que es la vida. Andamos, ciegos o no, sobre el mapa que nosotros mismos dibujamos. Gracias por recordarnos que se pueden recorrer todos los caminos, aun los mas empinados, sin saber donde terminan o qué hay después del túnel. De seguro, ni siquiera un túnel hay.


sábado, 12 de noviembre de 2016

Metales Preciosos: La guerra contra todos los puertorriqueños.

Este libro es brutal y sanguinario. Apesta a indignación y a desvergüenza. Suda trepidante por el terror y pánico de más de cien años de persecución despiadada, a veces oculta, pero siempre en nuestra cara. Ruge de rabia tremebunda por la impunidad de los asesinos de cuerpos, por los torturadores, pero más aún, por los que mataron las mentes. Que el gusano de Neruda sea adorado como un gran líder, adornando como un diosecito, altares, estatuas y edificios, es injurioso por demás. Que fuimos, somos y seremos sus cómplices, carece de perdón. Este libro es el vil recuento de cómo nos arrancaron los ojos, nos atiborraron la boca y nos amputaron los puños de protestar. Nos aplastaron el alma. Atrévanse a recordar.


sábado, 2 de julio de 2016

Metales Preciosos: Lucy, la australopithecus.

















     Hablando de libros, acabo de devorar las casi cuatrocientas páginas de Lucy: The Beginnings of Humankind, de Don Johanson y Maitland Edey. Relata la fascinante historia de los fósiles homínidos descubiertos en el triángulo de Afar, en Etiopía. Pero mejor aun es la otra historia que transcurre detrás de las letras. Es una demostración real de cómo engrana el método científico y como la ciencia brinca, baila y rebota hasta detenerse, momentáneamente, en una conclusión. La historia que narra Johanson, contiene todos los elementos clásicos de un misterio a resolver, las instrucciones de como levantar las pistas científicamente y metódicamente, como analizarlas y de como llegar a conclusiones, solo en base a esas pistas. Se presentan situaciones muy humanas, donde los personajes principales confrontan su propio escepticismo y salen airosos. Tal vez ningún ser humano pueda ser puramente objetivo (aunque Tim White parece intentarlo exitosamente). Los protagonistas lo admiten. Ellos todos tienen sus prejuicios de cómo les gustaría fuera el pasado de la humanidad, pero, confrontados con la evidencia, desisten de sus conclusiones primordiales. En un momento clave, el norteamericano James Aronson acusa a Maurice Taieb de cometer un error de análisis en la clasificación de los estratos basálticos, a lo que Taieb solo responde con "¿y donde está la evidencia para afirmar eso?". De seguro que situaciones menos tensas han desatado la guerra de países enteros, y sin embargo, el geólogo franco ni se inmuta. El mismo Johanson, da su propio testimonio de cómo la evidencia científica lo obligó a arrancar a Lucy de la rama de los Homo, posición que asumió y defendió desde el principio, literalmente, a diente y uña. El libro retrata fielmente lo que son y deben ser los científicos modernos, y lo que no deben ser. Me gustaría que ese ejemplo aplicase a todas las ramas de la vida cotidiana.
     La biografía de Lucy, tampoco deja de impresionar y de excitar a la curiosidad. Lucy transporta la imaginación al horizonte de los cuatro millones de años en el pasado, cuando la humanidad, con toda seguridad, no tenía mucho de humana. Estos paleo-antropólogos intentan encontrar las respuestas a las preguntas más básicas: ¿quiénes somos y de dónde venimos? Y las persiguen hasta los fines de la tierra, escarbando los desiertos mas áridos y calurosos, flanqueados por gobiernos en anarquía y bajo la mira telescópica de rebeldes armados. Allí verán a Johanson y a sus estudiantes más brillantes, de cuclillas en el polvo ardiente, soportando el peso del sol en la nuca, esperando pacientemente que la tierra escupa una tibia o un pedazo de diente, que revele una pieza más del millonario rompecabezas de la naturaleza humana.