Isabela, pretérito encanto,
una vez me estrellé feliz en tus dunas
y me revolqué en tus sábanas de cuarzo.
Me arrebocé en la playa con tu espuma,
soñé mi vida, apenas comenzando.
Isabela, sirena lozana,
veo al sol nacer desde tu verde busto
y esconderse caliente bajo tu falda.
Oigo tu canto desde lo mas oscuro
con esa voz de trueno, salitre y agua.
Isabela, hechicera ardiente,
córtame la piel con tu aliento de vidrio,
quema mis ojos con luz albiceleste,
besa, con tus labios de sal, mis heridas
para que ese ardor insoportable,
corriendo feroz por mi mente y mis venas,
encienda de nuevo la llama en mi sangre.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario